Para conocerla es necesario saber primero los antecedentes más importantes de Alausí. Según textos de historia local, este cantón fue habitado por las etnias Jíbara, Cayapa y Colorado, hasta la llegada de los colonos europeos a inicios del siglo XV.

“Migrantes andaluces y castellanos poblaron la comarca, tras habitar por varios años Cuenca y Riobamba. Ellos establecieron sus hogares en base de la riqueza agrícola del lugar”, dijo Manuel Betancourt, alauseño de 85 años. El anciano, muy conocido en el pueblo, aseguró que los españoles no ejercieron la fuerza sobre los grupos indígenas, más bien optaron por el diálogo para el reparto del suelo.

El 29 de junio de 1534, Alausí es elevado a la categoría de cantón. Tras casi 4 siglos de desarrollo agrícola y ganadero, el ‘ferrocarril del sur’, como se conocía al tren ecuatoriano en el resto de América Latina, arribó por primera vez al lugar en 1902.

Este hecho motivó a cambiar, en gran parte del pueblo, la matriz productiva de la población. A la ruta que conduce desde Riobamba hasta Alausí, y por ende a la nariz del diablo, se la conoce también como ‘la ruta más difícil del mundo’, por lo complicada que resultó su construcción.

“De una economía basada 100% en las labores del campo y el comercio, Alausí se convirtió en el nexo ferroviario entre la Costa y la Sierra, lo que motivó a miles de padres de familia a cambiar las hoces, palas y azadones por martillos, barrenas y demás herramientas usadas en los rieles”, explica Luis Bonilla, extrabajador de ferrocarriles.

Hasta el inicio del siglo XIX, las ferias del cantón se realizaban los jueves y domingos, y se caracterizaban por la venta mayoritaria de hortalizas, verduras, cereales, frutas y animales domésticos.

“Al llegar el tren, productos como el mango, papaya y babaco, entre otros frutos, empezaron a venderse en Alausí. El número de comerciantes de estas mercancías, así como de textiles, mariscos, herramientas y otros, aumentó”, dice Roberto Simbaña, anciano alauseño.

El estacionamiento del ferrocarril en la plaza principal era todo un suceso. Niños, jóvenes, adultos y ancianos de todas las comunidades se sentaban cerca de la estación para admirar el ‘artefacto metálico gigantesco’ que llevaba en sus entrañas a personas y mercancías.

Aunque en menor proporción, esta particularidad en la actualidad no ha cambiado. Tras varias décadas de descuido del tren, la administración actual reactivó el ferrocarril en todo el Ecuador, beneficiando de gran manera y reanimando actividades que hasta hace varios años parecían desaparecidas.

Es el caso de las artesanías. Luis Morales, más conocido como ‘maestro Luchín’, destaca la importancia de los recorridos en tren.

“Desde aquí se parte a la Nariz del Diablo, punto histórico del ferrocarril. Antes de salir al paseo, los turistas compran pulseras, sombreros y ropa, elaborados con lana de camélidos de la región, beneficiando nuestra economía”, dijo.

Los talleres de artesanías, ubicados en el centro y comunidades rurales, expenden también muñecos, ponchos, zamarros y pañoletas hechas con lana de llama y oveja.

Otros atractivos del lugar son el mirador de Lluglli, la plaza Eloy Alfaro, donde cada domingo se realizan ritos ancestrales de purificación, parque 13 de Noviembre, Iglesia Matriz y el Camino del Inca, entre otros.

En la Gruta de la Virgen de Lourdes de la Inmaculada Concepción, a 15 minutos del centro, se encuentra una de las 2 imágenes de la virgen esculpidas en mármol del mundo. La otra está en Turín, Italia.

Los domingos, durante la feria del cantón, se expenden frutas, verduras, hortalizas y cereales cultivados en el lugar. También se venden textiles, calzado y herramientas agrícolas en las calles del cantón.

Fuente: El Telegrafo

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